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Protección de datos, fundamental para el desarrollo digital y el derecho de las personas

En el mundo digital en el que vivimos, quien tiene el conocimiento y la información ostenta el poder, pero también las herramientas para progresar. Y, en tanto, ese volumen de información crece a cada minuto, lo que genera un flujo de datos impensado hace algunos años.

Este escenario digital que enfrentamos permite tener una comprensión y perspectiva mucho más amplia sobre la sociedad, las empresas, la comunicación y las relaciones. Pero también da pie para que estos datos puedan ser mal utilizados o tomados, sin siquiera saberlo. Diariamente, cada uno de nosotros entrega una gran cantidad de información y de esa forma, nuestros gustos, quehaceres, estado civil, amistades y mucho más están a disposición de todos en la red.

Hace un año, la ex Presidenta MicheIle Bachelet firmó el proyecto de ley para regular la protección al tratamiento de datos personales. Un marco regulatorio muy necesario para los más diversos frentes: para la industria tecnológica, instituciones y ciudadanía, puesto que el equilibrio entre el resguardo de los datos personales, por un lado, y la consagración de un estatuto que asegure a Chile ser considerado un país con una jurisdicción flexible, adecuada y moderna, resulta esencial. Hablamos de una legislación fundamental también para el desarrollo digital y que ha logrado equilibrar los derechos de los titulares de los datos, el incentivo a la innovación y la creación de una institucionalidad esencial para promover la exportación de servicios y poder trabajar para cambiar la matriz productiva del país.

Por otra parte, sabemos que hay probabilidades de ciberataques, suplantaciones de identidad o robo de datos, por lo que tenemos que protegemos. Y hoy debemos entender que una persona está compuesta por su identidad fisica y la digital, que ha adquirido relevancia universal. Todos queremos una buena experiencia online y necesitamos ser reconocidos y verificados desde cualquier punto del planeta: mientras que las empresas —a su vez— necesitan verificar a personas en cualquier momento y desde los lugares más diversos.

La identidad digital es un tema complejo: se requiere entender y conectar todo el contexto digital de ese alguien y no solo asociar unos datos a una cara. El fraude online por suplantación de identidad provoca pérdidas millonarias para la banca y desconfianza en quien gestiona los datos.

Creemos que una herramienta de verificación de la identidad digital necesita unir varias tecnologías para entregar seguridad. Las tecnologías biométricas, como el reconocimiento facial, de voz o de la huella dactilar, tienen cada vez un papel más relevante en la verificación de la identidad digital, si se compara con la verificación manual o el password. Mientras hay quienes dicen que el blockchain y la encriptación son claves en términos de seguridad.

Pero como todo en materia digital, se requiere de prevención y educación para que todo el inundo entienda mejor de qué se trata y los peligros que puede enfrentar. Porque, finalmente, la identidad digital es hoy tan importante como el “yo” físico.

Fuente: La Segunda