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En
estos tiempos cuesta ver signos de esperanza y
optimismo. Por eso quiero compartir uno que me
parece lleno de futuro. Lo quiero presentar con
tres imágenes que en estos días
me han ratificado la importancia de atreverse
a soñar y de ser perseverante. La primera
imagen es la dramática escena de la película
Sub-terra, donde un niño de Lota es llevado
a la fuerza a trabajar a la mina, en muchos casos
para siempre. La segunda imagen es la del último
ranking de competitividad del Foro Económico
Mundial, en el cual Chile vuelve a bajar, esta
vez cuatro puestos. La última imagen es
la del centro de llamados a distancia (o call
center) Media Corp, con sus 300 trabajadoras y
su reputación de ser uno de los de mejor
calidad del país.
¿Qué
hay tan esperanzador detrás de estas tres
imagenes?: que dicho call center, ejemplo de competitividad
y eficiencia, se ubica precisamente en Lota, siendo
sus operarias hijas, madres y hermanas de los
mismos mineros que hace un par de años
tuvieron que abandonar para siempre las minas
del carbón. Sí, en uno de los lugares
más pobres de Chile (18% de desempleo),
en un lugar que para muchos ha sido símbolo
de desesperanza y de los costos sociales del progreso,
hoy surge una empresa de primer nivel tecnológico
que ofrece nuevas oportunidades de desarrollo
a sus habitantes.
Si alguien hubiera hecho
ciencia ficción hace algunos años,
y hubiera tratado de imaginar el futuro de Lota
después del cierre del carbón, pocos
hubieran imaginado que pudiera transformarse en
una cuna para empresas intensivas en tecnologías.
Pero eso empieza a ocurrir hoy. El call center
de Lota nos demuestra las grandes oportunidades
que puede traer para un país pobre como
el nuestro la revolución tecnológica
que hoy vivimos. También nos muestra cómo
toda comunidad puede (y debe) optar entre lamentarse
o bien aprovechar las ventajas que traen los nuevos
tiempos.
Cuales son algunas de las
lecciones de esperanza de nos regala este gran
ejemplo de emprendimiento empresarial, social
y cultural. La primera es que es posible torcerle
la mano al destino (incluidas las fuerzas inmensas
de la globalización). Dos, que las tecnologías
de información son un tremendo catalizador
para llevar a cabo proyectos de desarrollo en
localidades y países apartados y pobres.
¿Quien hubiera pensado que un país
como la India sería el líder mundial
de desarrollo de software y de servicios por Internet
que es hoy?. Tres, la gente no necesita limosna
sino oportunidades reales (tanto de trabajo como
de capacitación) para poder superar el
tremendo desafío que significa la re-conversión
laboral a que nos empuja la nueva economía.
Si bien esto es difícil, también
es posible. Lograrlo, sin embargo, supone más
liderazgo que pericia técnica. Cuatro,
con Internet todo empieza a estar cerca y las
distancias desaparecen. Es por eso que aún
desde un lugar tan apartado como Lota uno puede
competir en y con el mundo. La quinta y última
lección consiste en darnos cuenta cuan
importante para el éxito es la pasión,
convicción y perseverancia que uno pone
en lo que hace. Renato Vergara y sus trescientas
colaboradoras quieren transformar a Lota en e-Lota.
Después de conocerlos y escuchar la pasión
con que hablan de su proyecto, estoy seguro que
lo lograrán. ¿Cuántos se
animarán a seguir su ejemplo?
Claudio Orrego
Vice-Presidente de ACTI
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