Inclusión laboral digital, la gran brecha en el mundo rural

La permanente y veloz evolución de la tecnología, y la incorporación de ella en las industrias ha producido importantes transformaciones el mercado laboral. Así, la demanda de capital humano especializado es un tema que debe resolverse con prontitud, ya que en Chile hay un déficit de al menos 6 mil profesionales al año, cupos que deben llenarse con profesionales extranjeros.

Y, en varios ámbitos se están tomando medidas. Las mallas curriculares de algunas carreras han cambiado de acuerdo a las necesidades actuales y, por ejemplo, el acuerdo público-privado ‘Talento Digital para Chile’, firmado por los ministerios de Hacienda y Trabajo, además de ACTI, Sofofa, CPC, Sence, Fundación Chile y Kodea, entre otros organismos, busca capacitar a 16 mil personas, en un plazo de 4 años, pero además asegurando una empleabilidad de al menos un 60%.

Aquí hablamos de capacitar a las mujeres; a los ninis, a los discapacitados a propósito de la Ley de Teletrabajo, en fin.

En tanto, tenemos que el estudio ‘Brecha en el uso de Internet: una expresión de la exclusión social’, de País Digital, de cuenta que en el 2017, a nivel urbano, el 76,1% de la población hace uso de Internet, mientras que a nivel rural, casi la mitad de la población usa la red, alcanzando un 49,6%.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que aunque ese 49.6% de la población rural tenga acceso a las TIC, hay un gran porcentaje que no sabe utilizarla. Y eso, hace más aguda la brecha digital.

Entonces, hablamos de un sector al que debemos ayudar con prontitud, y donde aún no está resuelto el cómo.

Se trata de aquellas personas que viven en el mundo rural, quienes seguramente alcanzaron sólo a la escolaridad básica, que no conocen la tecnología más allá del televisor que existe en su casa y cuyos hogares no cuentan con conexión a Internet ni saben de conectividad. Es ese grupo que vive de un oficio que, seguramente, aprendió de sus padres: minería informal, pesca artesanal, agricultura básica, por mencionar algunos.

¿Qué va a pasar con ellos cuando llegue una máquina que coseche arándanos más rápido que 200 trabajadores?, ¿o que empaque los duraznos con más precisión que 500 jornaleros?… Son situaciones que ya enfrentamos y que debemos asumir.

Hay que pensar y actuar con rapidez, tenemos una gran tarea por delante con este grupo, que además tiene características bien determinantes: son personas que han vivido por generaciones en el mismo lugar, son apegados a sus tradiciones y reacias al cambio, su escolaridad es muy básica y responden sólo al oficio que aprendieron.

Entonces, tenemos un buen e interesante desafío de inclusión digital.

¿Cómo hacemos que ellos se suban a este carro y no sean los grandes olvidados de este proceso de digitalización?

Es gente que tiene las ganas de trabajar y que necesita trabajar, pero su reconversión será más dificultosa ya que hay que generar nuevas competencias en un terreno que tal vez no quiere ser removido.